miércoles, 15 de octubre de 2014

5° Congreso Internacional de Arqueología Subacuática IKUWA V del 15 al 19 de octubre en Cartagena (Murcia)





Equipo AdARQUA

Y llegó el día. Mañana comenzará en Cartagena el Congreso Internacional IKUWA V, uno de los congresos sobre arqueología subacuática más prestigiosos creado bajo los auspicios de la UNESCO y la Secretaría para la protección del Patrimonio Cultural Subacuático, donde investigadores de más de 30 países compartirán con sus colegas los avances de sus respectivas investigaciones.

Se trata de un gran congreso. 3 mesas paralelas serviran de escenario para que se comuniquen los avances en las disciplinas propias de la Arqueosub: construcción naval de época moderna o antigua, paisajes culturales marinos, arqueología portuaria, navegación, historia marítima, restauración, gestión del patrimonio. Y todo desde una perspectiva mundial, lo cual permite conocer casos de estudio de Australia, Indonesia, Africa, etc.

Esta noche se realizará el primer evento, un clásico, el cocktail de bienvenida. Uno de los actos que por su atmosfera suelen ser de lo más interesantes, siempre con una buena copa de vino, aperitivos y el reencuentro con amigos y colegas de otros países. La oportunidad perfecta para ponerse al día, hablar de la situación de la disciplina, las presencias y ausencias, (normalmente se habla más de esto último).

Hace dos años el ARQUA celebró exitosamente el I Congreso Nacional de Arqueología Nautica y Subacuática, fue un éxito, más de 200 participantes españoles comunicaron el estado de sus investigaciones, una gran oportunidad para conocer el estado de la Arqueosub española, que algunos pudimos notar como esperanzador. No hubo grandes ausencias, incluso algunos jóvenes universitarios realizaron el esfuerzo de asistir.

Por eso sorprende que este año, tal vez uno de los que más proyectos de investigación se han realizado en los últimos 4 años, la presentación de trabajos realizados en España sea muy escasa. Por supuesto es un congreso internacional y la imagen que ha de darse de la disciplina debe ser internacional, pero el sentido de hacer congresos itinerantes es precisamente el de ser capaces de mostrar internacionalmente el estado de la investigación del país que acoge el congreso. Algunas de las presentaciones seleccionadas ciertamente son interesantes, pero se echa de menos muchos buenos trabajos realizados en los últimos dos años. Sobre los foros digitales de la Arqueosub se pasea el fantasma que sugiere que la imagen que se va a ofrecer de la Arqueosub española va a ser muy pobre: investigaciones poco serias, muy escasas para la gran cantidad de patrimonio subacuático que se encuentra en nuestras costas, o la total ausencia de comunicaciones sobre proyectos de investigación realizados por el propio ARQVA como son el del Puerto de Cartagena o los proyectos conjuntos de restauración del cargamento de la Mercedes; en definitiva una imagen que no se corresponde con la realidad.

En los próximos días asistiremos a este interesantísimo congreso e intentaremos manteneros informados de la actualidad de lo que allí sucede y se discute. Esperamos ser capaces de poder gestionar toda esta cantidad de información, filtrarla y presentárosla a una hora prudente. 

De momento esta noche tendremos ese agradable cocktail, y mañana, tras la inauguración sacaremos el papel y el lápiz.

domingo, 12 de octubre de 2014

Proyecto Isla Grosa, Arqueología de la buena

Julian Moyano di Carlo 


Cuando uno llega al Mar Menor y ve asomar, entre los esperpenticos edificios de La Manga, la silueta de Isla Grosa se da cuenta que está en un lugar especial. Al acercarte con el barco compruebas que el sitio tiene una magia única. Punto de referencia para la navegación desde la antigüedad la isla se impone ante los navegantes que pasan por la zona.

El proyecto Isla Grosa es un ambicioso proyecto de arqueología que cubre todas las facetas en las que un arqueólogo puede o debería incursionar: investigación, formación y difusión. De practicas en agua para estudiantes a visitas para buceadores deportivos pasando por talleres para niños. Un proyecto con todas las letras.

El equipo de dirección esta conformado por jóvenes arqueólogos (Carlota Pérez-Reverte, Felipe Cerezo y María Intxaustegi) respaldados por la experiencia de Juan Pinedo Reyes, que en esto de la arqueología subacuática poco le queda por hacer.

En dos turnos de dos semanas un total de 13 alumnos se formaron bajo sus mandos. Un servidor ha tenido el privilegio de ser uno de ellos.

En este curso se aprende y mucho. Por las mañanas en el agua se realizan, con el correspondiente bocata de por medio, dos inmersiones sucesivas. Una vez en el fondo, disfrutando de una visibilidad inmejorable, se comienzan los diferentes trabajos: prospecciones por calles, prospecciones polares, dibujo, etc. Por la tarde, pasada la siesta de rigor, se realizaban clases distendidas de los temas más variados (arquitectura naval, vehículos autónomos subacuáticos, metodologías de prospección mediante GPS, etc.) con profesionales del primer nivel. Pero por si fuera poco uno aprende cosas tan elementales y al mismo tiempo tan imprescindibles como hacer nudos, montar un cuadro de dibujo, realizar maniobras marineras o sobrevivir a dos robos sucesivos de boya.

Planimetria de una prospección polar.
Practica de dibujo.
Incluso hasta se aprende a echar embarcaciones impertinentes que pretenden amarrarse en tus boyas sin previo pago de alquiler y todo sin violencia de por medio. Quien sabe si el año que viene necesitaremos un barco con Santabárbara.

Recuerdo que el primer día del curso Juan me decía: "tenemos que hacer de este curso un curso vivo". Ya lo creo que lo fue. Uno se quedaba con la sensación de que aprendia desde el momento que abría los ojos a las 6:30 de la mañana hasta el momento en que los cerraba para irse a dormir. Bueno, admito que en los primeros treinta minutos previos al desayuno no se aprende mucho pero no es cuestión de entrar en detalles. Por lo demás uno se siente como en casa. Eso se debe a que la altísima calidad científica del grupo es superada por la inmensa calidad humana de la gente que lo compone.
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Por todo ello no queda más que dar las gracias:
A Juan por toda la experiencia trasmitida, por el trato inmejorable y la paciencia infinita. Perdón por "pensar bajo el agua" y por la navaja perdida.

A Carlota, Felipe y María por enseñarnos todo lo que sabían de la manera más cercana posible. Por poner siempre una sonrisa ante nuestros desastres evidentes. Por no regañarnos incluso después de haber perdido una cantidad suficiente de boyarines como para unir Isla Grosa con Cartagena.

A Tico, patrón donde los haya, por la paciencia inagotable ante nuestra inexperiencia marinera. Por cuidarnos mientras estábamos bajo el agua. El también hace arqueología.

A Eneko por alimentarnos, incluso de mas, cuando el estómago empezaba a apretar. Por su buen rollo constante. Por la buena música que se escuchaba en la cocina. Bueno no, por eso no.

A los compañeros/as con los que tuve el placer de compartir la experiencia (Marta, Celia, Omayra, Jose, Bau, etc.). Por la buena onda y por esos cantos de camino a la isla que a uno le levantaba el ánimo en plena madrugada.

Gracias a todos por todo, aun cuando sigan sin creer en el Moyano I. Tiempo al tiempo.

 

Este artículo fue originalmente publicado en el Blog del autor, Gelindoya. Si te interesa la Arqueología Subacuática, te recomendamos que lo visites.

domingo, 28 de septiembre de 2014

El Vasa




  Eva Vera




El navío sueco Vasa se construyó entre 1625 y 1628 por orden del rey Gustavo Adolfo II Vasa, con el objetivo de ser el buque de guerra más grandioso construido nunca por la armada sueca. Su misión era navegar hasta Polonia, en guerra con Suecia. Tenía 69 metros de eslora, 11.7 de manga y 52 de calado aéreo. Pesaba 1200 toneladas, podía llevar hasta diez velas y contaba con 64 cañones, la mayoría de los cuales lanzaba balas de unos 11 kilos. En su construcción trabajaron más de 400 personas y su dote era de unos 150 marineros y 300 soldados. Unas 1200 esculturas de colores llamativos (sobre todo, oro) lo decoraban sobre un fondo rojo, típico de la realeza sueca. En resumen: era toda una declaración de intenciones.

Pero el Vasa no es conocido por todo eso, sino por un hundimiento que pudo haber sido previsto. Durante su construcción, los planos tuvieron que cambiarse sobre la marcha, ya que el rey ordenó que se construyera una fila extra de cañones a la planeada en un principio. Esto significaba que las medidas originales del barco ya no eran válidas, con lo que los constructores crearon una aparente solución de dos cubiertas para cañones.  Como consecuencia, el peso de la parte superior hacía inestable el barco y se llenó el fondo del barco con 120 toneladas de piedras. Aunque eso no sirvió de nada. Durante las pruebas de estabilidad, 30 trabajadores corrieron de un lado a otro del barco comprobando que no era todo lo estable que debiera, pero nadie se lo comunicó al rey. El problema era que el barco era demasiado alto en comparación a su manga, y el centro de gravedad era demasiado alto.

El 10 de agosto de 1628 todo estaba dispuesto para que el Vasa estrenara un nuevo capítulo en la historia naval de Suecia. Y así fue. El buque zarpó del puerto de Estocolmo y, tras dos ráfagas de viento que provocaron que se inclinara, le esperaba el peor destino posible: hundirse tras navegar apenas 300 metros en menos de veinte minutos. El agua empezó a entrar por los cañones (que debían ir cerrados, pero al rey le gustaban más así), y el barco se hundió llevándose consigo a treinta de los 200 miembros de la tripulación. Tras investigar lo ocurrido, se llegó a la conclusión de que había sido una sucesión de incidentes desafortunados.

         Unos 40 años después de su hundimiento, se recuperaron 61 de los cañones, todos de más de una tonelada. Pero no fue hasta abril de 1961 que el barco fue reflotado, y se comprobó que prácticamente toda su estructura original se conservaba. En los años 80 se construyó un museo para albergarlo, que actualmente es el más visitado de Suecia, con alrededor de un millón de visitantes al año. Hasta entonces, el Vasa no tuvo más que problemas de conservación: 333 años bajo el agua no permiten un cambio tan brusco. Y aquí llegamos a un punto muy interesante de esta historia.
        
         Según podemos leer en la propia página del museo, al principio se roció el Vasa con agua mientras los expertos dilucidaban la mejor manera de conservarlo. Se eligió como conservante el polietileno glicol, un producto ceroso soluble en agua que penetra lentamente en la madera y reemplaza al agua. Se roció con esta solución durante varios años.
Y continúa… mientras estuvo sumergido, los pernos de hierro se oxidaron y ennegrecieron la madera de roble. Al final, sólo permanecía unido por espigas de madera. La contaminación del agua formaba grandes cantidades de sulfuro que penetró en la madera. En la actualidad, dicho sulfuro comienza a reaccionar con el oxígeno, lo que provoca la formación de ácido sulfúrico. El ácido ataca la madera, si bien no es nocivo para los visitantes del museo. Por lo tanto, la investigación para la conservación del Vasa sigue en marcha.

 Es por esto que se recomienda conservar in situ las embarcaciones antiguas. Además, el desembolso de dinero que ello supone es enorme, no sólo por la ampliación que se ha llevado a cabo en el museo, incapaz de soportar tantos visitantes, sino porque la conservación va a ser constante pero nunca definitiva. Se han hecho más de mil pruebas en las pinturas sólo para saber si el color de fondo era rojo o azul. Y eso sólo para la pintura de fondo. También se está estudiando sustituir los pernos de hierro (que son 5000) debido a la oxidación que están sufriendo por el ácido sulfúrico. Lo que lo conservaría pero no de manera original.


El museo asegura con toda lógica que la preservación del Vasa depende por completo de una atmósfera estable, y más de un millón de visitas al año desde luego no lo es. Desde luego, ha de ser una visión impresionante la de poder contemplar este buque tan espectacular, pero quien sabe si podrá conservarse para siempre.




           




domingo, 21 de septiembre de 2014

Congreso Internacional de Arqueología Suacuática IKUWA V

Equipo AdARQUA




El Congreso Internacional más importante relacionado con la Arqueología Subacuática tendrá lugar en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena entre el 15 y el 19 de octubre de este año bajo el lema: Un patrimonio para la humanidad.

Desde la Antigüedad los mares, ríos y lagos, lejos de ser un obstáculo, han sido las grandes vías de comunicación que han permitido el intercambio de hombres, productos e ideas utilizando una tecnología  naval en evolución continua.

Los peculiares condicionantes que impone el medio marítimo han generado durante siglos una cultura específica que se manifiesta desde las creencias religiosas del hombre de mar hasta el conocimiento científico aplicado a la problemática náutica, pasando por la organización del comercio naval o la estrategia de la guerra en el mar.

Por otro lado, lagos y ríos han sido testigo de la evolución de diferentes culturas, siendo también un medio de comunicación entre diversos pueblos.

El resultado es un cultura específica que, inseparable de la evolución histórica en tierra firme, constituye un patrimonio cultural cuya investigación es imprescindible para el conocimiento de la génesis de la sociedad actual.

Estructura de IKUWA V

Atendiendo a las peculiaridades geográficas, culturales e históricas del medio Mediterráneo y  del Atlántico, algunas sesiones del congreso se desarrollarán simultáneamente en tres salas:

Tema 1.- El Mediterráneo
Tema 2.- Las relaciones Europa – América
Tema 3.-Aguas contientales
Cada sala se estructurará en áreas de trabajo subdivididas por temas.

Temáticas del congreso
1.  El conocimiento científico y técnico.
2. La actividad náutica e intercambios culturales.
3. Protección, conservación y restauración del patrimonio cultural subacuático.
4. Acceso del público a este patrimonio.

Más información aqui

miércoles, 13 de agosto de 2014

El Pecio Fenicio del Bajo de la Campana


Carlota Pérez-Reverte




Seiscientos años antes de nuestra era, una embarcación comercial cabeceaba acompasadamente en las aguas del Mediterráneo, una mañana de verano. Doblaba el Cabo de Palos con un levante suave rumbo a la Fonteta que, a tan sólo una jornada de navegación, era el destino final de una travesía que había comenzado en Malaka. Los ritos propiciatorios se habían efectuado sobre un pequeño altar de piedra, pero no todo se dejaba en manos de los dioses.  Conocían los marinos que iban a bordo la costa, una manga de arena con peligrosos bancos a poco fondo, rocosa en sus cabos y con restingas de piedra. Conocían también las referencias y enfilaciones que los guiarían en su ruta. Isla Grosa se distinguiría pronto en el horizonte, y después el Cabo Rojo (Cabo Roig), presagiando la última etapa del viaje. La valiosa carga iba segura en la bodega: un centenar de espléndidos colmillos de marfil africano, estaño traído del Norte, galena  y otros objetos más pequeños finamente labrados destinados a las élites del Sureste Peninsular.  Sin embargo, al poco de doblar el cabo, el viento comenzó a arreciar levantando crestas de espuma en el  mar, ondulado por la marejada.  Dejando la Grosa a sotavento, dieron los marinos resguardo a la Isla, el farallón y la laja;  pero, bien por descuido o porque el viento o la corriente hicieron abatir la nave, no fue distancia suficiente. Un golpe seco estremeció la embarcación: la laja, difícil de localizar con la marejada, desgarró el casco y partió la quilla. Indefensa y batida por el viento y las olas, la nave dio la vuelta sobre si misma, incapaz de adrizar.   

Desde los restos de la embarcación, ya perdida, la carga fue cayendo hasta los pies del bajo. En una lluvia extraña, el lastre, la galena, los marfiles y las ánforas atravesaron los 20 metros de agua quedando dispersos por el fondo. Como hojas otoñales se deslizaron después los objetos más pequeños: los quemaperfumes, los ponderales, las cestas con piñones que habían alimentado a la tripulación, las piñas que usaban para hacer fuego a bordo y los pequeños peines labrados.

Al amainar el viento ya no quedaba rastro de la nave en superficie. Ninguna pista de la pérdida ni de la catástrofe. Pero a 20 metros de profundidad, en la más absoluta quietud, los restos del cargamento permanecerían como testigos de aquella historia, que aún tardaría muchos siglos en ser contada. Y los restos de otras naves, también perdidas, vendrían a sumarse poco a poco a este cementerio silencioso.

A lo largo de la Historia, la laja fue siempre un punto peligroso para la navegación, perdurando en la memoria de los hombres de mar la leyenda de una piedra que engullía barcos junto a Isla Grosa. Ya en la Edad Moderna se instalaría una campana sobre la laja, que, con el batir de la marejada, advertiría a los barcos de su presencia.

Hasta 1958 no se descubrió el naufragio de este pecio, que ha sido llamado el pecio fenicio del Bajo de la Campana.




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