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domingo, 8 de febrero de 2015

Ciudades sumergidas: Baia y Portus Iulius



Eva Vera

  
Baia (golfo de Nápoles) fue famosa desde finales de la época republicana de la Antigua Roma, pero que tuvo su momento de esplendor en el s. I d. C., cuando se convirtió en ciudad de recreo de la élite romana. Llamada “la pequeña Roma”, allí tenían su villa de lujo Julio César, Escipión o Calígula; y se popularizó por sus aguas termales, que al parecer tenían propiedades curativas y medicinales. 



Nerón, Adriano, Antonino Pío y Alejandro Severo la ampliaron. En el s. VIII fue saqueada por los sarracenos, y después cayó en el olvido. Intervenido arqueológicamente desde los años 90, hoy es uno de los pocos parques arqueológicos submarinos del mundo (creado en 2002), ya que además está a entre 5 y 12 metros de profundidad.



Cerca de allí podemos encontrar (y ver con una claridad pasmosa) el Portus Iulius, construido en el año 37 a. C., durante la guerra civil entre Octaviano y Sesto Pompeyo, y en uso hasta el s. V. Fue encargado al arquitecto Lucius Cocceius Auctus, que quería conectar el Lago Lucrino y el Lago Averno por medio de un túnel navegable.

Tenía un muelle de 372 metros, y contaba con astillero para reparaciones y nuevas construcciones. Fue utilizado como base militar hasta que, en el 12 d. C. la flota fue trasladada, y desde entonces su uso fue meramente comercial.
El 29 de septiembre de 1538, hubo una erupción en la zona que desembocó en la creación del Monte Nuovo. Milagrosamente, el Portus Iulius se conservó, aunque bajo el agua. Y no fue hasta mitad del s. XX que se descubrieron los restos del puerto, gracias a unas fotografías aéreas de la zona que dejaban ver toda la superficie portuaria, de cerca de 10 hectáreas. 


Los restos se hundieron debido a la isostasia, cuyo fundamento físico está en el principio de Arquímedes. Este término se refiere a que el ascenso o descenso continental es posible debido a que el manto situado bajo la litosfera, denominado manto sublitosférico, es más denso que la litosfera y tiene porca rigidez (por su elevada temperatura), por lo que su comportamiento es plástico, lo que permite el ascenso o descenso de los bloques litosféricos más rígidos situados por encima, en función del peso que soporten. Los continentes se levantan cuando pierden peso, por ejemplo, por la erosión. Si ganan peso, por acumulación de hielo durante una glaciación, el continente se hunde. Lo mismo le sucede a algunas cuencas sedimentarias, que se hunden con el peso de los sedimentos (subsidencia).

En el Parque Arqueológico Subacuático de Baia podemos hacer inmersiones y visitar sitios como el mismo Portus Iulius, la Villa de los Pisoni o la Villa del Castillo Aragonés. También hay excursiones terrestres al Castillo de Baia o el Ninfeo, donde empezaron realmente los trabajos arqueológicos.

domingo, 30 de noviembre de 2014

El Holandés Errante




Eva Vera

 

Holandés Errante utilizado en la película Piratas del Caribe, basado en el barco sueco Vasa.

Si nos preguntaran sobre la leyenda de un barcos, un barco "fantasma" concretamente, la mayoría de nosotros diría El Holandés Errante. Pero seguro que poco podríamos contar de lo que hay detrás. La leyenda del Holandés tiene al menos 500 años, y surgió tras el hundimiento de un buque holandés en el Cabo de Buena Esperanza. Aunque la base real sea esa, hay varias versiones para explicar la posterior naturaleza fantasma:

  • En el s.XVII, el capitán Bernard Fokke empleó tan sólo 90 días en llegar de Java a Holanda, y por eso se decía que tenía un pacto con el diablo. 
  • El capitán juró doblar el Cabo de Buena Esperanza costase lo que costase; pero ante la tormenta la tripulación se negó a seguir y mató a su oficial. Su objetivo era pasar el Cabo "aunque le costase llegar al Juicio Final".  
  • El capitán Van der Decken pactó con el diablo a cambio de poder surcar los mares sin obstáculos, pero recibió el castigo divino, que no fue otro que navegar eternamente sin tocar tierra.  
  • Una versión más realista es que la tripulación sufrió una epidemia, y por eso no desembarcaron en ningún puerto. 

Sea como sea, el Holandés Errante ha causado fascinación a escritores, directores de cine, etc. Incluso Wagner escribió una ópera romántica, basada en una obra de Heinrich Heine, que se estrenó el 2 de enero de 1843 (en esta ópera, el buque tocaba tierra cada siete años para encontrarse con una mujer). Autores como Washington Irving, Fitzball o Frederick Marryat (El buque fantasma, 1839) también han escrito sobre la leyenda de este barco. Incluso el príncipe Jorge de Inglaterra (que luego sería Jorge V),en 1881, o los nazis han documentado haberlo visto.

Y ya que el mar es un tema que atrae, y lo fantasmagórico también, por supuesto que hay otras muchas leyendas de barcos fantasma.

En 1748, el barco inglés Lady Loviband zarpó hacia oporto, pero se hundió al Sur de Inglaterra. Dicen que se ve el fantasma, de hecho se han documentado visiones en 1798, 1848 y 1998.

Grabado alemán donde un barco es atacado por el Holandes Errante.


Según la mitología de la zona sur de Chile, el Caleuche es un barco que se aparece todas las noches en una isla chilena para llevarse las almas de quienes se ahogan allí. Su adaptaión al cine fue en 2012.


En 1738, una tormenta hizo que el Princess Augusta se hundiera cerca de Rhode Island. A bordo del barco iban 350 pasajeros, y se creyó que todos habían muerto. Pero cuando se quemaron los restos, parece ser que una mujer quedó atrapada y se quemó viva. Motivo por el cual ahora se aparece por la zona.

Grabado alemán con la última escena de la ópera de Wagner
 

De lo que no hay duda es de que los grandes navíos siempre ha sido el detonante de grandes leyendas, en este caso imaginarias, pero en otros casos (como vimos con el Vasa y como veremos en otras entradas) las leyendas se han basado en hechos absolutamente reales. Es una pena que en la entrada de hoy no podamos poner ese límite de lo que ha sido real y lo que no.