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domingo, 12 de octubre de 2014

Proyecto Isla Grosa, Arqueología de la buena

Julian Moyano di Carlo 


Cuando uno llega al Mar Menor y ve asomar, entre los esperpenticos edificios de La Manga, la silueta de Isla Grosa se da cuenta que está en un lugar especial. Al acercarte con el barco compruebas que el sitio tiene una magia única. Punto de referencia para la navegación desde la antigüedad la isla se impone ante los navegantes que pasan por la zona.

El proyecto Isla Grosa es un ambicioso proyecto de arqueología que cubre todas las facetas en las que un arqueólogo puede o debería incursionar: investigación, formación y difusión. De practicas en agua para estudiantes a visitas para buceadores deportivos pasando por talleres para niños. Un proyecto con todas las letras.

El equipo de dirección esta conformado por jóvenes arqueólogos (Carlota Pérez-Reverte, Felipe Cerezo y María Intxaustegi) respaldados por la experiencia de Juan Pinedo Reyes, que en esto de la arqueología subacuática poco le queda por hacer.

En dos turnos de dos semanas un total de 13 alumnos se formaron bajo sus mandos. Un servidor ha tenido el privilegio de ser uno de ellos.

En este curso se aprende y mucho. Por las mañanas en el agua se realizan, con el correspondiente bocata de por medio, dos inmersiones sucesivas. Una vez en el fondo, disfrutando de una visibilidad inmejorable, se comienzan los diferentes trabajos: prospecciones por calles, prospecciones polares, dibujo, etc. Por la tarde, pasada la siesta de rigor, se realizaban clases distendidas de los temas más variados (arquitectura naval, vehículos autónomos subacuáticos, metodologías de prospección mediante GPS, etc.) con profesionales del primer nivel. Pero por si fuera poco uno aprende cosas tan elementales y al mismo tiempo tan imprescindibles como hacer nudos, montar un cuadro de dibujo, realizar maniobras marineras o sobrevivir a dos robos sucesivos de boya.

Planimetria de una prospección polar.
Practica de dibujo.
Incluso hasta se aprende a echar embarcaciones impertinentes que pretenden amarrarse en tus boyas sin previo pago de alquiler y todo sin violencia de por medio. Quien sabe si el año que viene necesitaremos un barco con Santabárbara.

Recuerdo que el primer día del curso Juan me decía: "tenemos que hacer de este curso un curso vivo". Ya lo creo que lo fue. Uno se quedaba con la sensación de que aprendia desde el momento que abría los ojos a las 6:30 de la mañana hasta el momento en que los cerraba para irse a dormir. Bueno, admito que en los primeros treinta minutos previos al desayuno no se aprende mucho pero no es cuestión de entrar en detalles. Por lo demás uno se siente como en casa. Eso se debe a que la altísima calidad científica del grupo es superada por la inmensa calidad humana de la gente que lo compone.
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Por todo ello no queda más que dar las gracias:
A Juan por toda la experiencia trasmitida, por el trato inmejorable y la paciencia infinita. Perdón por "pensar bajo el agua" y por la navaja perdida.

A Carlota, Felipe y María por enseñarnos todo lo que sabían de la manera más cercana posible. Por poner siempre una sonrisa ante nuestros desastres evidentes. Por no regañarnos incluso después de haber perdido una cantidad suficiente de boyarines como para unir Isla Grosa con Cartagena.

A Tico, patrón donde los haya, por la paciencia inagotable ante nuestra inexperiencia marinera. Por cuidarnos mientras estábamos bajo el agua. El también hace arqueología.

A Eneko por alimentarnos, incluso de mas, cuando el estómago empezaba a apretar. Por su buen rollo constante. Por la buena música que se escuchaba en la cocina. Bueno no, por eso no.

A los compañeros/as con los que tuve el placer de compartir la experiencia (Marta, Celia, Omayra, Jose, Bau, etc.). Por la buena onda y por esos cantos de camino a la isla que a uno le levantaba el ánimo en plena madrugada.

Gracias a todos por todo, aun cuando sigan sin creer en el Moyano I. Tiempo al tiempo.

 

Este artículo fue originalmente publicado en el Blog del autor, Gelindoya. Si te interesa la Arqueología Subacuática, te recomendamos que lo visites.

sábado, 9 de agosto de 2014

¡¡¡A Dibujar!!!

Equipo AdARQUA

 

Quien piense que el trabajo del arqueólogo subacuático termina al pisar tierra, está completamente equivocado. Cada día hay que preparar el material para la jornada siguiente: fichas, tablillas, cabos marcados, y, esta vez, cuadros de dibujo. Porque en Proyecto Isla Grosa todos hacemos de todo, aqui os dejamos unas fotos de nuestros chicos preparando los cuadros .







viernes, 8 de agosto de 2014

¡Atentos a la maniobra!

Equipo AdARQUA


Tico es un lobo de mar. Mira el mundo con ojos de marino; sabe leer en el agua, en las nubes y en el viento. Es tranquilo y ágil. Aunque es joven, tiene la piel curtida por el sol y la sal, y las manos llenas de historias.

Es inteligente, previsor y está atento a todo. Él se queda en superficie mientras los buceadores trabajamos. Nunca está quieto; a bordo siempre hay algo que hacer. Y mientras arrancha el barco, prepara la botella de seguridad, aduja cabos, asegura el fondeo o revisa los motores, tiene siempre un ojo en el agua, siguiendo las burbujas de los buceadores sumergidos. A veces se sienta un momento a liarse un cigarro, y si tienes suerte y el día es tranquilo, puede que consigas que te cuente alguna historia de mar. Sobre sus años en barcos de pesca o cómo decidió que lo suyo era el Mediterráneo. Pero incluso cuando parece que está relajado, Tico está atento a las burbujas, al agua, al Noreste que se levanta, a un barco que se aproxima demasiado. No deja de cuidar de nosotros ni un minuto.

Es simpático y educado en extremo. Tiene una combinación perfecta de picardía y honradez. Carácter  y paciencia. Nos explica las maniobras una y otra vez. "¡Atentos a la maniobra!". Amarra, noray, cabo guía, defensas. Y corre por el barco deshaciendo los entuertos que nosotros, con menos horas de mar en nuestro cuaderno de bitácora, no sabemos solucionar. Pero Tico, con paciencia infinita, no se da por vencido, y vuelve a explicarnos la maniobra, hasta que un día, finalmente, sale perfecta. "Bien, chicos", dice entonces con una sonrisa satisfecha. Le gusta enseñarnos, y a nosotros nos gusta aprender con él. 
 
Un patrón como Tico hace de un equipo una familia, hace que todos nos sintamos cada día un poco lobos de mar, que aprendamos. Con el no somos pasajeros sino tripulación. Y cuando toca ir al agua, nos sumergimos con la más absoluta tranquilidad, sabiendo que en superficie está Tico vigilando nuestras burbujas.






jueves, 7 de agosto de 2014

Primer turno

Equipo AdARQUA


 
El 23 de julio llegaron los participantes del primer turno. No diremos alumnos porque a estas alturas podemos decir que son amigos, que también hemos aprendido de ellos y que son parte  del equipo de Isla Grosa. 



Cuando nos embarcamos en este viaje que es el Proyecto Isla Grosa, quisimos recuperar el espíritu de los yacimientos escuela (como el Bajo de la Campana) que hacían equipo, familia. Que no eran cursos sino experiencias, en las que la convivencia diaria creaba un clima de confianza, trabajo y aprendizaje continuo.  

Tenemos mucha suerte de haber empezado con un equipo tan completo. Profesionalidad, pasión,  dedicación, perfeccionismo, y buen rollo. Más no se puede pedir.

Bau, Celia, Marta, Julián y Omayra, gracias por compartir esta aventura con nosotros. Os esperamos para la próxima ;)

miércoles, 6 de agosto de 2014

El Haddock y el Tramontana III

Equipo AdARQUA

 




Pues si, algunos ya conocéis al Haddock, el barco que nos ha estado llevando y trayendo a Isla Grosa. Es pequeño pero muy marinero. Y, aunque hubo que hacerle una pequeña puesta a punto, se porta muy bien, y aguanta los levantes como un campeón. 

Tiene una bañera cómoda y espacio para llevar los equipos y el material, todo arranchado y en orden.

El motor no acompaña todo lo que nos gustaría. El suyo original lleva una temporada convaleciente, con una tos muy fea (algo del carburador), y llevamos uno de 25 caballos que  hace lo que puede pero no basta con mal tiempo y mar de popa.

Afortunadamente, la Asociación de Centros de Buceo nos ha prestado el Tramontana III. La única pega es que tiene la borda alta y cabecea mucho cuando está fondeado, si hay marejada. A cambio, tiene mucho espacio, sombra en cubierta y es muy cómodo para subir y bajar los equipos de buceo.



Son dos barcos estupendos, que cuidan de nosotros; y en manos de Tico, el patrón, hacen maravillas. Otro día hablaremos de él, de Tico, que también nos cuida. Hoy los protagonistas son ellos que, con su balanceo constante, nos acompañan cada día en esta aventura. Durante este mes los podréis ver amarrados en el Tomás Maestre, que nos ha cedido un punto de amarre mientras dure la investigación. ¿No son una preciosidad?